La tierra que nunca fue ajena en Uribe, Meta, hoy, por fin, es legalmente de su gente

Hay lugares donde la tierra no solo se pisa: se sufre, se sueƱa y se espera. Como en Uribe, Meta. 

Es uno de esos territorios donde la vida campesina no se contó en cifras, sino en silencios. Silencios largos, pesados, llenos de abandono, de promesas incumplidas y de una espera que parecía no tener final.

En ese lugar, la tierra no era solo tierra, era refugio en medio del conflicto armado. Era alimento cuando no había nada mÔs. Era herencia sin papeles y trabajo duro. Las escuelas funcionaban sin documentos. Los puestos de salud existían sin respaldo. Las casas se levantaban sobre predios que no aparecían en ningún registro.

El Estado era apenas, o eso parecĆ­a, un sustantivo.

ā€œAlgĆŗn dĆ­a esto serĆ” nuestro de verdadā€, se repetĆ­a entre familias. Y ese ā€œalgĆŗn dĆ­aā€ se fue quedando suspendido en el tiempo. Pero llegó, y llegó con la Agencia Nacional de Tierras —ANT—, llegó con una jornada de entrega de tĆ­tulos de propiedad rural. 

MƔs de 300 personas acudieron a la cita. No por curiosidad, no por compromiso, sino porque sabƭan que algo estaba por cambiarles sus vidas. Hubo abrazos que duraron mƔs de lo normal. Miradas que decƭan lo que las palabras no alcanzaban. Manos temblorosas recibiendo un papel que, para muchos, significaba toda una vida.

La Agencia hizo lo suyo, lo que le corresponde, atendió a su espĆ­ritu misional, a su esencia. Les entregó 43 tĆ­tulos a entidades de derecho pĆŗblico. Cerca de 45 hectĆ”reas ahora estĆ”n blindadas, Ā”tienen respaldo jurĆ­dico! 

ā€œNosotros llevamos aƱos construyendo vida en esta tierra, trabajando sin descanso, resistiendo en medio de muchas dificultades, pero sin un respaldo real. Hoy no solo recibimos un documento, recibimos la tranquilidad de saber que, lo que hemos levantado con tanto esfuerzo, ya tiene un reconocimiento legal y un futuro para nuestras familiasā€, afirmó JosĆ© PatiƱo, representante legal de la vereda Santander.

En sus palabras no había discurso, como tampoco en la frase de Daniel FernÔndez, otro de los beneficiarios con la acción de la ANT:

ā€œPara nosotros, la tierra no es un bien, es la vida mismaā€.

Y queriĆ©ndola reforzar dejó claro que la tierra, su tierra, la de sus vecinos, es memoria, ā€œes nuestra cultura y nuestro futuro. Durante muchos aƱos hemos cuidado este territorio sin que estuviera reconocido y hoy, este paso, representa respeto por lo que somos como comunidad indĆ­genaā€.

Y es que en Uribe, la tierra no se posee, se cuida. Se honra. Se defiende. Las escuelas que antes funcionaban ā€œprestadasā€ hoy tienen nombre propio. Los espacios comunitarios que resistieron al abandono hoy tienen respaldo. Las familias que sembraron durante aƱos en la incertidumbre hoy tienen algo que nunca habĆ­an tenido: certeza.

ā€œDurante aƱos hemos trabajado en instituciones educativas que existĆ­an en la prĆ”ctica, pero no en el papel. Hoy este proceso no solo le da legalidad al territorio, tambiĆ©n le da estabilidad a la educación y a las generaciones que se estĆ”n formando aquĆ­ā€, seƱaló Darly Santacruz, docente y rectora en un centro educativo del sector. 

Uribe no recordarƔ este dƭa por las cifras, ni por los discursos gubernamentales. Lo recordarƔ por los abrazos, por las lƔgrimas de alegrƭa.

Fue tranquilidad, justicia, futuro. Y, sobre todo, la posibilidad de empezar de nuevo sobre una tierra que siempre fue suya, pero, que hoy, tambiƩn lo es en el papel.

Esas escuelas, casetas comunales y puestos de salud superaron los ā€˜muros’. Por fin. 

ā€œEsto elimina las barreras que impedĆ­an la inversión pĆŗblica en estos espaciosā€, remarcó el director de la ANT, Juan Felipe Harman, presente en el evento. 

Entonces, las heridas fueron cerradas. JosƩ, Daniel, Darly y todas y todos los favorecidos con lo hecho por el Gobierno del presidente Gustavo Petro ahora pueden estar tranquilos.

ā€œEste Gobierno cumple llevando seguridad jurĆ­dica y resultados históricos al territorioā€, fue contundente el director Harman.  

A Uribe, en suma, le devolvieron dignidad, lo que se resistió a perder.